¡En el corazón de la Iglesia yo seré el Amor!


...La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor.

Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…

Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…!

Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…!


Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor… Así lo seré todo… ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!!



¡Felicidades y Gracias a todos mis hermanos consagrados!

¡Oremos por las Vocaciones!



(Santa Teresita del Niño Jesús)
Febrero 02 del 2018

6 comentarios :

Magdeli Valdés dijo...

Cuanta belleza y alegría en un alma conectada
así sigan encontrando luz en esta vida y lo que nos diferencia en el mejor amor divino.

Marian dijo...

Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.

Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.

Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado.

¡Precioso María! ¡¡EL AMOR.!!Todo pasa el amor, permanece...

¡Felicidades tambien a ti hermana. En cierta manera, tambien vives enteramente para Jesucristo...

Un fuerte abrazo.Unidas en El.!!

Maite Lorenzo dijo...

Recemos por ellas... Preciosa entrada, María.
Besos

Alondra dijo...

¡Hola! gracias por la visita a mi ventana. Tienes un blog que infunde la fe que tienes y eso ayuda mucho en la vida. Me educaron en un colegio religioso y si tengo un ídolo es Jesús de Nazaret pero digamos que ahora, sólo sé que la vida no me dará más de lo que pueda soportar, esa es mi esperanza.
Espero no desilusionarte... Un saludo afectuoso

María dijo...

Gracias Magdeli.

Que bueno que te gusto, Maite. Oremos!Un abrazo

Querida Marian, gracias por compartir la otra parte de St. Teresita. Dios te bendiga y gracias por tu entrega. Besos

Querida Alondra. No me desilusiomas. Paso visitarte. Um fuerte abrazo

Sara O. Durán dijo...

Seremos amor y alcanzaremos ese sueño.
Un largo abrazo. Feliz fin de semana.