Epifanía: la fiesta de la adoración


La Epifanía es, en un grado supremo, la gran fiesta litúrgica de adoración. A partir de las primeras vísperas, la Iglesia nos invita a recibir la luz radiante de Cristo. La luz que brilla desde su rostro, la luz que ilumina a todos los que se le acercan, y la luz que se eleva sobre un mundo sumido en la oscuridad, dando alegría a los que lloran, esperanza a los que se desesperan, y verdad a los engañados por toda clase de idolatría y falsedad.

La luz que ilumina la casa de María, la casa de la Iglesia, brilla desde el adorable Cuerpo de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar. ¿Cómo puede uno abrir los ojos al radiante Cuerpo de Cristo, expuesto en la custodia, y no ver el cumplimiento de las palabras del profeta Malaquías? "Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada." (Malaquías 4: 2) "

Cuando un alma percibe la luz de Cristo, esa alma se ve obligada a adorar. Así escuchamos en el Santo Evangelio: "Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron." (Mateo 2:11). ¿Qué es este misterioso postrándose? Es una respuesta al brillo de la Luz; es el primer movimiento de alguien que adoraría. Postrarse es querer abajarse hasta el suelo. Es la expresión de un profundo deseo de volverse muy pequeño, muy humilde. Es un intento de decir con todo el cuerpo, que uno desearía ser capaz de derramarse, romperse a sí mismo, permitir que la esencia de uno se gaste en la última molécula, como el perfume precioso que fluyó del jarrón de alabastro, llenando toda la casa con su fragancia (Juan 12: 3). Esto es lo que se quiere decir  cuando se habla de la condición misma, en adorar en espíritu y en verdad.

La Luz ha brillado entre nosotros. Hemos entrado en la casa: la casa de María, la casa que es la Iglesia. Hemos escuchado la Palabra y, ahora, junto con los Reyes Magos, solo tenemos que postrarnos, uniendo nuestra adoración a la de ellos, y consintiendo que, mediante la mística sombra del Espíritu Santo en la Santa Misa, sobre las oblaciones del pan, y el vino, y de nosotros mismos, nuestra adoración sea consagrada en espíritu y en verdad.






Solemnidad de la Epifanía del Señor
(Dom Mark Daniel -Prior)
06 de Enero del 2018

3 comentarios :

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Gracias, hermosos compartir, que Dios nos ayude a ser pequeños reflejos de su luz en medio del mundo donde vivimos, gracias por ser una pequeña luz para mi con sus compartir, un fuerte abrazo y muy unidas en oración.

Sara O. Durán dijo...

Que esa luz nos ilumine por siempre.
Un abrazo.

María dijo...

¡Qué gusto de verte nuevamente por acá querida Sara!

Así sea. Que la Luz nos ilumine siempre. Gracias. Un fuerte abrazo para ti también.