Confía en mi Amor


Estoy aquí - realmente presente - a tu disposición a cualquier hora del día o de la noche. Te espero. Quiero escuchar las preocupaciones que llevas como una carga pesada. Entrégalas todas a Mí. Confía en Mí y yo actuaré. Ya te he dicho esto antes: para mí nada es insignificante. Ningún detalle de tu vida es demasiado pequeño y ningún pecado tuyo, demasiado vergonzoso para ser traído a Mí, y ser abandonado a Mis pies. Incluso mis santos actuaron así. Ellos estaban seguros de que al confiar cualquier dificultad a Mi Corazón, encontrarían allí la mejor solución posible. Dime que confías en mi amor misericordioso, dejando ir las cosas que te pesan y te oprimen. Yo soy el Señor de todas las cosas en el cielo y en la tierra, y para Mí nada es imposible.






In Sinu Jesu- Diario de un Sacerdote en la oración 
Enero 22 del 2018

El Pajarillo


¡Oh, Jesús, mi primer y único amigo, el ÚNICO a quien yo amo!, dime qué misterio es éste. ¿Por qué no reservas estas aspiraciones tan inmensas para las almas grandes, para las águilas que se ciernen en las alturas…? Yo me considero un débil pajarito cubierto únicamente por un ligero plumón. Yo no soy un águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila…

El pajarillo quisiera volar hacia ese Sol brillante que encandila sus ojos; quisiera imitar a sus hermanas las águilas, a las que ve elevarse hacia el foco divino de la Santísima Trinidad… Pero, ¡ay,! lo más que puede hacer es alzar sus alitas, ¡pero eso de volar no está en su modesto poder!

¿Qué será de él? ¿Morirá de pena al verse tan impotente…? No, no, el pajarillo ni siquiera se desconsolará. Con audaz abandono, quiere seguir con la mirada fija en su divino Sol. Nada podrá asustarlo, ni el viento ni la lluvia. Y si oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante.

Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe…!

Jesús, hasta aquí puedo entender tu amor al pajarito, ya que éste no se aleja de ti… Pero yo sé, y tú también lo sabes, que muchas veces la imperfecta criaturita, aun siguiendo en su lugar (es decir, bajo los rayos del Sol), acaba distrayéndose un poco de su único quehacer: coge un granito acá y allá, corre tras un gusanito…; luego, encontrando un charquito de agua, moja en él sus plumas apenas formadas; ve una flor que le gusta, y su espíritu débil se entretiene con la flor… En una palabra, el pobre pajarito, al no poder cernerse como las águilas, se sigue entreteniendo con las bagatelas de la tierra.

Sin embargo, después de todas sus travesuras, el pajarillo, en vez de ir a esconderse en un rincón para llorar su miseria y morirse de arrepentimiento, se vuelve hacia su amado Sol, expone a sus rayos bienhechores sus alitas mojadas, gime como la golondrina; y, en su dulce canto, confía y cuenta detalladamente sus infidelidades, pensando, en su temerario abandono, adquirir así un mayor dominio, atraer con mayor plenitud el amor de Aquel que no vino a buscar a los justos sino a los pecadores…

Y si el Astro adorado sigue sordo a los gorjeos lastimeros de su criaturita, si sigue oculto…, pues bien, entonces la criaturita seguirá allí mojada, aceptará estar aterida de frío, y seguirá alegrándose de ese sufrimiento que en realidad ha merecido…

¡Qué feliz, Jesús, es tu pajarito de ser débil y pequeño! Pues ¿qué sería de él si fuera grande…? Jamás tendría la audacia de comparecer en tu presencia, de dormitar delante de ti…

Sí, ésta es también otra debilidad del pajarito cuando quiere mirar fijamente al Sol divino y las nubes no le dejan ver ni un solo rayo: a pesar suyo, sus ojitos se cierran, su cabecita se esconde bajo el ala, y el pobrecito se duerme creyendo seguir mirando fijamente a su Astro querido.

Pero al despertar, no se desconsuela, su corazoncito sigue en paz. Y vuelve a comenzar su oficio de amor. Invoca a los ángeles y a los santos, que se elevan como águilas hacia el Foco devorador, objeto de sus anhelos, y las águilas, compadeciéndose de su hermanito, le protegen y defienden y ponen en fuga a los buitres que quisieran devorarlo.

El pajarito no teme a los buitres, imágenes de los demonios, pues no está destinado a ser su presa, sino la del Águila que él contempla en el centro del Sol del amor.




Santa Teresita del Niño Jesús
Historia de un Alma
Enero 18 del 2018

Perseverancia y Gracia


"A veces nos vemos reducidos a una perseverancia material o animal, o simplemente a estar allí, como una roca, sin saber realmente por qué, ni con qué propósito. Es como una habitación estrecha sin luz ni aire. Aún así, uno continúa como movido por una especie de ley de gravedad. Más tarde, uno se da cuenta de que la perseverancia es una GRACIA PURA, independiente de cualquier mérito personal. Entonces, el Espíritu una vez más da vida a nuestros huesos secos; nos levantamos y continuamos ".




(Escrito por un Cartujo)
Enero 16 del 2018

Permaneced en mí...



Permaneced en mí (jn. 15, 4)

Es el verbo de Dios quien lo manda, quien expresa este deseo.

Permaneced en mí no sólo momentáneamente, durante unas horas pasajeras, sino permaneced...de un modo estable habitualmente.

Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad y obrad en mí.

Permaneced en mí durante vuestras relaciones con las personas y vuestro trato con las cosas. Penetrad cada vez más íntimamente en esta profundidad. Allí está ciertamente la soledad donde el Señor quiere atraer  al alma para hablarle, como dice el Profeta (Os. 2,14)

Mas para escuchar este lenguaje misterioso de Dios no hay que detenerse, por así decirlo, en la superficie. Es necesario penetrar cada vez más en el Ser divino mediante el recogimiento interior, San Pablo exclamaba: Corro por ver si alcanzo el final (Fl. 3,12) También nosotros debemos descender cada día por esta pendiente con confianza plena de amor. Un abismo llama a otro abismo (S. 41.8)

Es ahí, en lo más profundo, donde va a realizarse el encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, va a hallarse frente a frente con el abismo de la misericordia, de la inmensidad, del todo de Dios. Es ahí, donde lograremos la fuerza necesaria para morir a nosotros mismos y donde, perdiendo nuestra manera personal de ser, quedaremos transformados en amor. Bienaventurados los que mueren en el Señor (Ap. 14,13)




(Santa Isabel de la Trinidad)
Enero 16 del 2018

¡Cuánta sed tengo! ¡Sed de saciar la vuestra Señor!


¡Cuánta sed tengo! ¡Sed de saciar la vuestra Señor! Al comulgar nos hemos juntado dos sedientos. Vos de la gloria de vuestro Padre y yo de la de vuestro Corazón Eucarístico! Vos de venir a mí y yo de ir a vos, de sacrificarme como víctima por los pecados del mundo, reparando los ultrajes que el mundo os hace; Vos de almas y yo de dártelas. ¡Vos de correspondencia y yo de corresponderte! Aplacad, Señor, mi sed, que yo con todas las fuerzas de mi alma quiero aplacar la vuestra.





Santa Laura Montoya
Enero 12 del 2018


En el nido de nuestra nada


Oh. . . ¡qué felicidad conocer a Jesucristo! Este conocimiento se adquiere no por la elevación de nuestros pensamientos; algunas almas se engañan usando esto como alas para volar alto hacia Dios, pensando que al hacer esto lograrán obtenerlo.

¡No, no! Si queremos ser fuertes, debemos permanecer como pájaros pequeños, tiernos y débiles, en el nido de nuestra nada. Creer en el regalo del amor divino que calienta el corazón y fortalece nuestras alas para tomar nuestro vuelo hacia Dios. Uno debe hacer como el fénix, que encuentra la vida en su muerte.

Ascendemos a Dios no a fuerza de hazañas ascéticas o meditaciones teológicas incomprensibles, sino por la humildad, que atrae el amor condescendiente y misericordioso de Dios.




Madre Mectilde de Bar
Enero 11 del 2018

Vita vestra est abscondita cum Christo in Deo


A algunos se les llama a no hablar mucho, ni a las conversaciones sobre la Iglesia, sino a un silencio profundo y a una vida escondida en el corazón de la Iglesia, lejos de disputas lingüísticas, especulaciones y discordias.

A estas almas, Nuestro Señor llama a estar en silencio para ser como Él en el Sacramento de Su Amor. Él las llama a esconderse, así como está escondido Él en sus tabernáculos.


Esta es la esencia de una vida monástica eucarística: no ser visto, sino permanecer oculto; no hablar mucho, sino entrar en el silencio de la Hostia.

Es suficiente que Él vea tales almas. Es suficiente que puedan conversar con Él en cualquier momento, vertiendo libremente y espontáneamente sus corazones en Su Corazón.

Buscando el silencio, tales almas encontrarán la Palabra. Buscando esconderse, brillarán con el esplendor de Su Rostro.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3: 3)





Dom Mark Daniel -Prior
Enero 08 del 2018

Epifanía: la fiesta de la adoración


La Epifanía es, en un grado supremo, la gran fiesta litúrgica de adoración. A partir de las primeras vísperas, la Iglesia nos invita a recibir la luz radiante de Cristo. La luz que brilla desde su rostro, la luz que ilumina a todos los que se le acercan, y la luz que se eleva sobre un mundo sumido en la oscuridad, dando alegría a los que lloran, esperanza a los que se desesperan, y verdad a los engañados por toda clase de idolatría y falsedad.

La luz que ilumina la casa de María, la casa de la Iglesia, brilla desde el adorable Cuerpo de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar. ¿Cómo puede uno abrir los ojos al radiante Cuerpo de Cristo, expuesto en la custodia, y no ver el cumplimiento de las palabras del profeta Malaquías? "Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada." (Malaquías 4: 2) "

Cuando un alma percibe la luz de Cristo, esa alma se ve obligada a adorar. Así escuchamos en el Santo Evangelio: "Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron." (Mateo 2:11). ¿Qué es este misterioso postrándose? Es una respuesta al brillo de la Luz; es el primer movimiento de alguien que adoraría. Postrarse es querer abajarse hasta el suelo. Es la expresión de un profundo deseo de volverse muy pequeño, muy humilde. Es un intento de decir con todo el cuerpo, que uno desearía ser capaz de derramarse, romperse a sí mismo, permitir que la esencia de uno se gaste en la última molécula, como el perfume precioso que fluyó del jarrón de alabastro, llenando toda la casa con su fragancia (Juan 12: 3). Esto es lo que se quiere decir  cuando se habla de la condición misma, en adorar en espíritu y en verdad.

La Luz ha brillado entre nosotros. Hemos entrado en la casa: la casa de María, la casa que es la Iglesia. Hemos escuchado la Palabra y, ahora, junto con los Reyes Magos, solo tenemos que postrarnos, uniendo nuestra adoración a la de ellos, y consintiendo que, mediante la mística sombra del Espíritu Santo en la Santa Misa, sobre las oblaciones del pan, y el vino, y de nosotros mismos, nuestra adoración sea consagrada en espíritu y en verdad.






Solemnidad de la Epifanía del Señor
(Dom Mark Daniel -Prior)
06 de Enero del 2018

Este Año Nuevo


"Durante este año nuevo, resuelvo comenzar una nueva vida. No sé qué me sucederá durante este año. Pero me entrego por completo a ti, Dios mío. Y mis aspiraciones y todos mis afectos serán para ti. Me siento tan débil, querido Jesús, pero con tu ayuda y la de María Santísima; espero y resuelvo vivir una vida diferente, es decir, una vida más cercana a ti ".





02 de Enero del 2018


Madre de Dios, Reina de la Paz, Corazón del mundo


María concibió al Hijo de Dios, y Dios está en su seno en medio del mundo. El útero de María, rigurosamente hablando, es el centro del universo creado, y ella solo puede adorar silenciosamente las obras y la presencia de Dios dentro de ella. Ser la Madre de Dios, es una realidad que llena toda la gama de la potencialidad humana hasta el punto de que su quietud y silencio perfectos, son densos por el hecho de que ningún acto o palabra pueda serlo. Su adoración y acción de gracias no dejan tiempo para lo externo; como las palabras o acciones. Su atención y toda su energía se gastan en ser dirigidas hacia la quietud y la humildad, de este Dios disminuido que mora en ella.

María— la llena de gracia, habiendo concebido del Espíritu Santo, se retiró lejos de la vista de los hombres, en las profundidades del santuario subterráneo; como la paloma del cántico que vuela hacia la hendidura de la roca. Ella no se mueve, no dice ni una palabra, Ella solo adora. (Cantares 2:14)

Ella es el corazón para el mundo, porque su Dios ya no está afuera. ¡Él es su obra, su hijo, su cariño y el fruto de su vientre!

Theotokos, la Portadora de la Vida. Ella es todo esplendor silencioso, el Arca viviente del Nuevo Pacto que contiene el maná Eucarístico de Dios en la carne.

Con María, Madre de Dios y Madre nuestra, queremos comenzar el año pidiendo al Señor que nos bendiga con la paz en nuestros corazones, en nuestras familias y en el mundo entero. ¡María, Reina de la Paz, ruega por nosotros y por la paz del mundo entero!



(Erasmo Merikakis)
1 de Enero del 2018