El Rosario como oración contemplativa. (1parte)


Muchos de ustedes sabrán ya el origen del Rosario, y sin embargo, esto que les comparto aquí escrito, por el Padre Thomas Keating (Sacerdote Trapense fundador y guía de la oración centrante) es en mi opinión, otra manera mucho más rica de entender el Rosario como una oración contemplativa. En lo personal, a mi me ha gustado mucho, sobre todo los ejemplos que él proporciona, y las experiencias personales. Es un poco largo, y por esta razón lo voy a distribuir entre 2 o 3 partes. Yo entiendo, que no todos estarán interesados en leerlo, lo cual yo no tengo ningún problema. (es opcional) Sin embargo, es una invitación para todos los que buscamos unirnos más con Jesús, por medio de esta poderosísima arma tan llena de gracia. Espero y lo disfruten tanto como yo. ¡María, reina de la Paz, ruega por nosotros y por la Paz del mundo entero!

El origen del rosario se sitúa en la primera Edad Media. Su invención en aquella época fue muy ingeniosa porque en aquellos días no había libros y cuando los fieles ordinarios iban a la iglesia los domingos no podían entender lo que decía el Evangelio, porque se proclamaba en latín. Así pues, el pueblo común no tenía acceso a la Escritura. El rosario, basado en la repetición del padrenuestro que Jesús nos enseñó, y en textos de la Escritura que forman el avemaría, formuló estas oraciones vocales simples de una forma que los laicos ordinarios podían recitar fácilmente. En efecto, el rosario se convirtió en el oficio de los laicos.  

También se convirtió progresivamente para algunos en un método que conducía a la oración contemplativa, aun cuando obviamente es un método de concentración distinto del método receptivo con el que estamos familiarizados en la oración centrante. La tradición, tal como la entiendo, ha mantenido siempre que hay tres formas de rezar el rosario. Podemos unir dos o tres de ellas, si lo queremos. La oración básica del rosario es la recitación de las oraciones vocales, es decir, basta con recitar los padrenuestros (“Padre nuestro”) y las avemarías (“Dios te salve María”) tal como están agrupados en las cuentas – un padrenuestro en la cuenta grande, seguido por diez avemarías en las pequeñas-. Cada uno de estos grupos – un padrenuestro, diez avemarías y una doxología final – forma un misterio. Un avance significativo en el desarrollo de la devoción del rosario se produjo cuando a la simple recitación de las oraciones vocales se añadió la reflexión sobre los grandes misterios de la fe. Se asoció cada uno de los quince misterios del rosario con una de las grandes fiestas de Jesús y de María celebradas en la liturgia como la anunciación, la visitación, la natividad, la presentación, el niño perdido y hallado en el templo – los cinco primeros de los quince misterios – . (El término “misterio” se refiere a la gracia del acontecimiento, la creencia en que Dios estaba de alguna manera presente en el acontecimiento particular y se revelaba de una forma única a través de él). Así, el rosario se convirtió en un verdadero compendio de la liturgia.     

Quienes recitaban los quince misterios del rosario en un día o en una semana podían tener a acceso a áreas completas de la Escritura que, de lo contrario, habían permanecido cerradas para ellos a causa de la falta de formación o de conocimiento de la lengua latina. Esta práctica – la segunda forma de rezar el rosario – permitió a los creyentes profundizar sobre estos grandes misterios. La tercera forma de rezar el rosario era simplemente descansar en la presencia de Dios, de María o de uno de los misterios. Imagínate que practicas la recitación de una parte significativa del rosario – por ejemplo, cinco misterios – como una devoción diaria. ¿Adónde te llevaría esto? A una amistad más profunda con Cristo. En el momento en que comienzas a orar, haces un acto de fe en la presencia de Dios y de esta forma entras de nuevo en contacto con la gracia de tu bautismo. En el bautismo la divina Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) entra en nuestro ser más íntimo y habita en él, a no ser que nos opongamos deliberadamente a esta presencia con un pecado muy grave y totalmente deliberado. Llegado un momento de nuestra vida, tenemos que ratificar lo que se hizo en el bautismo y hacerlo nuestro; de lo contrario, su realización plena quedará limitada. La única forma de hacer nuestra una cosa es hacernos responsables de ella. Esto requiere reflexión y elección. En cualquier caso, por el bautismo nos convertimos en una célula del cuerpo místico de Cristo. El mismo Espíritu que habita en Jesús, el Cristo vivo y glorificado, habita también en nosotros, de forma que nos convertimos en miembros vivos del cuerpo de Cristo que se extiende en el tiempo. El cuerpo místico de Cristo se manifiesta en la comunidad cristiana por la proclamación del Evangelio y la oración eucarística, pero especialmente en la santa comunión. Nótese que el término no es “santa conversación”, sino “santa comunión”, lo que implica el sentido intuitivo de la presencia de Cristo, donde no tenemos que decir nada, sino simplemente gozar de su presencia y consentir en la verdad y el amor que nos ofrece. Cristo está siempre presente dentro de nosotros en su naturaleza divina como la Palabra eterna del Padre. La santa comunión tiene el objetivo de despertarnos a la presencia permanente de Cristo que comenzó en el bautismo, se hizo más profunda en el sacramento de la confirmación y más honda aún en nuestra oración personal y la recepción frecuente de la eucaristía.  

En el cristianismo es esencial el crecimiento en la relación con Cristo, una relación que se profundiza constantemente y se dirige a todos los niveles de nuestro ser: no solo nuestro cuerpo, mente o imaginación, no sólo nuestro corazón, sino nuestro ser más íntimo donde la palabra reverbera en el silencio y donde se realiza la divina unión. Una vez que hemos oído la palabra de Dios en este nivel profundo, hemos oído finalmente todo el mensaje del Evangelio. A mi juicio, el rosario está al servicio de ese proyecto en gran medida como la lectio divina, a la que nos hemos referido con cierto detalle. Entran en juego los mismos principios. La forma en que desarrollamos la amistad con Cristo es a través de la reflexión sobre los misterios de su vida. El rosario es una forma organizada de ayudar a las personas a reflexionar sobre los misterios sin tener que leer toda la Escritura, que, como hemos dicho, no ha sido accesible hasta hacer relativamente poco tiempo. De una forma simple, día tras día, los creyentes recitaban y reflexionaban sobre los quince misterios. De este modo se sumergían en un ambiente bíblico y quedaban capacitados para establecer una relación entre la vida diaria y esas fuentes fundamentales de la inspiración cristiana. Al acudir al trabajo o al realizar sus deberes en casa, con frecuencia llevaban consigo un rosario y tal vez rezaban un misterio de vez en cuando, de forma parecida a como actualmente en ocasiones se reza el rosario mientras se viaja o se espera el autobús. Naturalmente, no es necesario rezar el rosario de una vez. No es obligatoria recitar un cierto número de misterios cada vez. Pero tiene mucho sentido reservar un tiempo específico, si queremos rezar el rosario como una devoción principal, de forma que podamos prestar total atención. Después, podemos usarlo como la base de nuestra conversación con Cristo. Un encuentro regular, si no diario, es la disciplina esencial para llegar a conocer a alguien, y también a Dios. Al igual que sucede en la lectio divina, en el rosario hay un movimiento inherente de la reflexión al simple descanso en Dios. Imagínate de dedicas media hora al rosario cada día. Supón que mientras reflexionas sobre los misterios, sientes una atracción interior a guardar silencio en presencia de Nuestra Señora y asimilar únicamente la dulzura de su presencia con tu espíritu interior. Podrías sentir la cercanía de la divina presencia en tu interior de la misma manera que la proximidad de Nuestra Señora. Esto es lo que quiere decir con el término “descansar en Dios”... (continuará) 



2 de Mayo del 2017

4 comentarios :

Marian dijo...

Querida María:¡ Me recuerda tanto esa fotografía. ¡Cuantos recuerdos y amigos!

Mi Rosario tambien es de contemplación de los misterios Divinos y mi comunión con nuestra Madre.El Rosario, es un tiempo especial de dedicado a estar,contemplar, piropear a nuestra del Cielo. Es tanto el gozo.! Cuando voy rezando lo por la calle, me suelo distraer más,pero en la Capilla, es todo un gozo.

¡Gracias María.!Magnifica exposición! Necesitamos descansar en Dios.

Unidas en la oración. Un fuerte abrazo.!

cristina dijo...

Santo Rosario ...cada cuenta es un bello instante con María ...es un hermoso y largo camino de vida ...recorrerlo es trasladarse y vivenciar cada etapa de su Hijo Amantísimo y de Ella la más Hermosa entrega...
Fuerte abrazo

María dijo...

Bienvenida nuevamente Marian.

Sí que recuerdo la foto! :) es preciosa!
Así tiene que ser, una comunión, un descansar
y todo lo que has dicho. Para mi el rosario es también
mucho muy significativo. Me ha sacado de tanas fosas!

Continuo y espero te siga gustando. Hay una historia muy hermosa sobre un monje y su rosario... Un abrazo.

María dijo...

Querida Cristina, hermosas palabras siempre, las tuyas!

Mil gracias! Un inmenso abrazo