¡Aclamemos al Señor en esta fiesta de María Virgen!


Ésta era una niña
con aire de flor,
agua más que el río,
fuego más que el sol.
Vivía en el templo
del rey Salomón,
oyendo en los salmos
ecos de otra voz. 

Quemaban su pecho,
con celeste ardor,
palabras magníficas,
silencio de Dios:
«¡Oh Padre que habitas
en alto esplendor,
envía el rocío
del Hijo de Dios!
¡Ábrase la tierra:
brote el Salvador! 

¡Lloved, rojas nubes,
al Dios de Jacob!
¡Floreced, collados,
al Justo, al Señor,
lucero del alba,
flor de la creación!»

Y al solio del Padre
subía su clamor,
cual nube de incienso
plegaria sin voz. Amén.
(Himno de Laudes)

"Dios podría habernos dado el Redentor de la raza humana y el Fundador de la Fe de otra manera en vez de hacerlo través de la Virgen, pero desde la Divina Providencia se ha complacido en que tengamos el Dios-Hombre a través de María, que lo concibió por el Santo Espíritu y le dio a luz en su vientre, sólo queda para nosotros recibir a Cristo de las manos de María ". (San Pío X)